La caza, prohibida en los parques nacionales, ¿qué implicación tiene?
El mes de diciembre llegaba con malas noticias para los cazadores, aunque era una decisión anunciada hace ya tiempo, su entrada en vigor ha supuesto un auténtico jarro de agua fría. Desde el 5 de diciembre de 2020 la caza deportiva y comercial en todos los parques nacionales de España está prohibida. De esta manera, se daba por finalizada la moratoria de seis años establecida para adaptarse a la Ley de Parques Nacionales.
De acuerdo a esta ley, aprobada en diciembre de 2014, la pesca y la caza deportiva y comercial son incompatibles con la protección necesaria e imprescindible de los parques nacionales repartidos por toda la geografía española. Han sido seis años de periodo de adaptación en los que se permitía a los propietarios de fincas y cotos de caza situados en estas zonas protegidas seguir cazando de forma legal.
Pero finalizada la moratoria, la única actividad cinegética permitida a partir de ahora será la relacionada estrictamente con actividades de control de poblaciones y siempre bajo el criterio y supervisión de la administración gestora de cada uno de los parques nacionales y dentro de lo establecido en sus planes rectores.
El efecto de la prohibición
En esos seis años de moratoria, las administraciones públicas han conseguido alcanzar decenas de acuerdos voluntarios con propietarios de tierras dentro de los territorios protegidos, muchos de ellos ayuntamientos. Recibir compensaciones para paliar las inevitables consecuencias que tendría la prohibición de la caza en parques nacionales era la salida que promovía la ley de 2014.
Sin embargo, no ha sido así en todos los casos y la moratoria ha finalizado sin acuerdo para muchos. Ha ocurrido especialmente en los parques nacionales tan importantes para la caza como Cabañeros, Monfragüe o Picos de Europa. ¿Cuál es el siguiente paso? La ley lo establece: la expropiación forzosa.
Pero más allá de estas cuestiones legales, la prohibición definitiva de la caza en los territorios de los parques nacionales puede suponer un serio revés no solo para los aficionados a este deporte. Asociaciones de cazadores llevan tiempo alertando de las repercusiones económicas que esta decisión puede acarrear en las zonas rurales, tan castigadas desde hace décadas.
Hasta ahora, la caza en fincas y cotos de caza situados en parques nacionales suponía una fuente de riqueza para las localidades situadas dentro de ellos o en su entorno más cercano. Se trata de pequeños municipios en su mayoría cuyos habitantes han tenido en la caza uno de los medios de subsistencia desde tiempos ancestrales.
Sin esa riqueza que la actividad cinegética aporta, muchos auguran un futuro oscuro para estas zonas. Zonas en las que la actividad turística tal vez no sea suficiente para paliar la pérdida de empleos y económica que la prohibición de cazar en parques nacionales puede suponer.
Control de poblaciones para mantener la biodiversidad
Además de ello de ese perjuicio económico para el entorno rural, los aficionados a la caza ponen en valor su actividad como forma efectiva de control de las poblaciones de animales dentro de los parques nacionales. Alertan que ahora, sin la posibilidad de cazar, esa labor de control seguirá siendo imprescindible, pero deberán costearla las administraciones públicas.
Ese control de la población de determinadas especies animales es esencial para mantener el delicado equilibrio natural de los parques nacionales. Una superpoblación, aseguran los cazadores, aumenta el riesgo de aparición de enfermedades en los animales y puede provocar daños en la agricultura.
Por estas razones, muchas voces llevan un tiempo solicitando una nueva moratoria y algunas administraciones locales han tomado medidas correctoras dentro de sus posibilidades. Queda ahora por ver cuál será el efecto real de la prohibición, aunque para ello habrá que esperar aún un tiempo.
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